Es fácil caer en la inercia de la rutina. Nos acostumbramos a que “las cosas” estén ahí: las personas, las oportunidades, incluso la salud. Damos por hecho que todo seguirá igual porque así ha sido hasta ahora. Pero, ¿qué pasa cuando eso cambia? Cuando esa amistad de años empieza a enfriarse, cuando ese trabajo que creíamos seguro ya no lo es, o cuando alguien que dábamos por sentado deja de estar disponible…
Dar las cosas por hecho es peligroso porque nos hace descuidadas. Nos confiamos en que siempre habrá tiempo para llamar, para disculparnos, para arreglar las cosas. Que esa amiga que siempre está ahí va a seguir respondiendo nuestros mensajes aunque la dejemos en visto más veces de las que queremos admitir. Que esa relación que se siente estable va a resistir incluso si dejamos de hacer el esfuerzo de conectar. Pero la realidad es que todo, incluso lo que parece más seguro, es frágil.
He dejado pasar oportunidades porque asumí que tendría más. No escribí ese mensaje importante porque pensé que al día siguiente sería un buen momento para hacerlo. No agradecí a alguien por estar ahí porque di por sentado que ya lo sabía. Y luego, cuando las cosas cambiaron, me quedé con la sensación incómoda de haber desperdiciado algo que en su momento parecía inagotable.
El problema de dar las cosas por hecho es que nos hace perezosas en nuestras relaciones y en nuestras decisiones. Nos hace olvidar que las conexiones requieren esfuerzo, que las oportunidades no esperan y que las personas también se cansan. No hay nada más frustrante que darte cuenta de que podrías haber hecho más, pero ya es demasiado tarde.
No dar nada por hecho significa estar presente, ser intencional y dejar de posponer las cosas importantes. Significa decir lo que sentimos ahora, agradecer lo que tenemos hoy y hacer el esfuerzo antes de que el cansancio o la distancia se interpongan. Porque nada —ni las personas, ni las oportunidades— está garantizado. Y cuando entendemos eso, dejamos de vivir en automático y empezamos a valorar las cosas por lo que realmente son: temporales, imperfectas y absolutamente valiosas.