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¿La cultura de dietas es violencia patriarcal?

Escrito por Yoalli Palma | 18 marzo 2025

¿Somos lo que comemos? Quizá realmente somos lo que nos obligan a tragarnos: prejuicios, mentiras, roles de género, obligaciones estéticas imposibles de cumplir, promesas que nunca hicimos pero nos han obligado a comprometernos con ella; nos metemos en la cabeza cosas que sabemos que no nos nutren, que no nos gustan, que no creemos en ellas, pero nos “educaron” a asumirlas como propósitos personales.  

La cultura del consumo nos impone lo que debemos comprar y hasta nos vende lo que debemos ahorrarnos: “no comas esto porque no serás quien realmente quieres ser, aunque no lo sepas de verdad”. Nos obligan a meternos cosas a la boca y dejar de comer y gozar. 

Quizá el platillo emblemático de esta manera de gobernar nuestra vida sea la “cultura de la dieta”, una práctica destinada al fracaso, que se alimenta de nuestras inseguridades y deseos, de la imagen que el entorno quiere que cumplamos. La cultura de la dieta, como ideario de restricción y “disciplina”, es la mejor manera de perpetuar el error y la insatisfacción; alimenta nuestra dismorfia y nos hace consumir cada vez nuevas cosas y evitar placeres necesarios para el cuerpo y espíritu (sí, un helado de chocolate, por ejemplo).

Y es que la dieta se cimenta en la necesidad de la inmediatez, nos impone una falsa idea de disciplina en que la que se busca la perfección y no la constancia; en las que nos despojan de lo humano, de los sabroso, por la necesidad de tener el vientre plano y sin estrías, pero que necesitan de nuestros “gorditos” y nuestras grietas para alimentarse, que tengamos la imagen de no estar bien o no “estar completas”.

Nos obligan a la delgadez y la voluptuosidad al mismo tiempo, a cumplir con una focalización de la grasa impuesta por la sexualización de nuestros cuerpos. Imagen que, por cierto, no nos proporciona ningún placer. Nos han impuesto el personaje a costa de nuestra salud. 

¿Han visto la gran cantidad de trabajadores de la salud que viven con sobrepeso u obesidad? Sabemos el riesgo que implica y a pesar de ello así existimos. ¿Con qué vara moral pretendemos concientizar a la población si hemos experimentado en carne propia lo complicado que puede ser tener una vida saludable? 

La forma en que se maneja a las personas gordas con el lema de “cuidar la salud” es violenta, sobre todo con las mujeres. La cultura de las dietas está destinada al fracaso pero las seguimos promoviendo. Incluso puede llegar una mujer con problemas ginecológicos y la mandan a bajar de peso, como si la lechuga y los abdominales curaran miomas uterinos.

Y aquí, quizá, venga lo más importante: evitemos consumir cuentos malos, comerciales hegemónicos, comentarios de tu cuñado machito, dejemos de pelearnos con la báscula y los carbohidratos. Pensemos en una alimentación saludable y a construir un cuerpo saludable, una mente fuerte. 

Claro que tendremos errores y fisuras, y gestos y detalles que no nos gustan, que no nos dejan gozar la vida; condiciones médicas que nos obligan a ser cuidadosas y juiciosas de las cosas que comemos y el ejercicio que realizamos. Todos los estilos de vida son distintos, todas tenemos deseos y propósitos diferentes: también traumas, problemas y condicionantes diversos que no caben en un “amarte a ti mismo y echale ganas a la dieta”. 

Al final del día, nuestro cuerpo es nuestro, nosotras decidimos. Vamos a alimentarnos de mejores cosas, a ponernos en el plato cosas que realmente nos nutran. Decir que la cultura de las dietas es violencia patriarcal no quita que la obesidad es un factor de riesgo para la salud, el punto es que perpetuar como solución comer pocas calorías no ha dado ni dará resultado. Aceptar esta premisa, no romantiza la obesidad.