La infancia no necesita maquillaje ni viralidad
¿Qué les estamos enseñando a nuestras niñas hoy?
Cada vez que me topo con el perfil de una niña en redes sociales con maquillaje impecable, y poses ensayadas que no “pertenecen” a su edad, me invade un escalofrío. ¿En qué momento dejamos de celebrar su niñez para convertirlas en pequeñas versiones de lo que el mundo espera de una mujer adulta? ¿Qué les estamos enseñando a nuestras niñas hoy?
En varias ocasiones he puesto sobre la mesa que vivimos en una era donde la comparación es moneda corriente. Antes, nos comparábamos en la escuela o con nuestra prima. Ahora, nuestras niñas tienen un universo entero de referentes a un clic de distancia. Desde influencers adolescentes con rutinas de skincare que parecen salidas de un spa de lujo hasta niñas que, en lugar de jugar a disfrazarse, ya han hecho del contouring una práctica diaria. ¿Dónde quedó la infancia?
No se trata de satanizar las redes sociales. Al final del día, son una herramienta y, como toda herramienta, depende de cómo la usemos. El problema es que, muchas veces, lo que vemos ahí no es real. Filtros, luces estratégicas, posturas favorecedoras... Todo está pensado para proyectar una imagen perfecta, una imagen que nuestras niñas creen que es alcanzable y que, cuando no logran replicar, les genera frustración, inseguridad y un sentido de insuficiencia que no deberían cargar a tan corta edad (o a ninguna edad, mejor dicho).
Me preocupa que estemos criando a una generación de niñas que miden su valor en likes y comentarios. Que su felicidad dependa de cuántos seguidores tienen o de si su video se hizo viral. Que piensen que el éxito es sinónimo de verse de cierta manera y no de lo que son capaces de hacer, sentir y construir. Que pierdan la magia de jugar sin preocuparse por si la cámara está encendida o no.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Hablar con ellas, guiarlas, recordarles que no necesitan validación externa y que ya son valiosas por el simple hecho de existir. Que su mayor superpoder no está en su apariencia, sino en su autenticidad, en su creatividad, en su capacidad de imaginar y soñar en grande. Que el maquillaje es un juego, no una obligación. Que los filtros no definen su belleza. Que las redes pueden ser una ventana, pero no un espejo.
Nuestra responsabilidad es enorme. Como madres, tías, hermanas o amigas, pero también como sociedad. Porque hoy son niñas, pero mañana serán mujeres. Y lo que aprendan ahora definirá la relación que tengan consigo mismas en el futuro. Así que la pregunta no es solo qué les estamos enseñando hoy, sino en qué tipo de personas queremos que se conviertan mañana.
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