“Bromas inocentes”: transformando el bullying
Hace más de 15 días que apareció la noticia sobre el caso de Fátima “N” de 13 años de edad que ha permanecido hospitalizada debido a fracturas graves de pelvis y cadera, resultado de un incidente relacionado con el acoso escolar que vivía a manos de sus compañeros de clase.
Recordemos también que en 2023, Norma Lizbeth sufrió una terrible golpiza a manos de sus compañeras de clase, lo que resultó en su muerte. Ambos casos nos llevan a mirar de frente un tema que tristemente ha sido una constante en las escuelas de México sin importar si son públicas o privadas.
El acoso escolar, conocido por su nombre en inglés bullying, suele implicar un conjunto de conductas verbales y físicas que deliberadamente buscan causar incomodidad y daño. Si bien el bullying es algo que se ha visto entre compañeros y compañeras de clase, han habido casos en los que profesores o personal de las escuelas también han ejercido dicho acoso.
Es preciso aclarar que no hay elementos en específico que te conviertan en víctima potencial de acoso, lo que sí hay son errores en el hecho de suponer que se debe enseñar a las infancias y adolescencias a protegerse para “no convertirse en víctimas” del bullying, porque lo cierto es que, no importa la motivación o el tipo de acoso ejercido, estas conductas son inaceptables en una sociedad que, desde sus creencias más profundas nos ha hecho suponer que “el que se lleva se aguanta”, “a todos nos han bulleado”, “Si te hacen, tu has de vuelta”, “defiéndete porque sino te van a agarrar de su puerquito”.
La deconstrucción de creencias así como romper con tabúes que nos impiden recibir validación y ayuda no es algo que sólo se deba trabajar en casa o escuela, es un trabajo que implica vernos como comunidad y no individuos rascándose con sus propias uñas.
Existe un proverbio africano que dice “para educar a un niño, hace falta una tribu” y la idea no es que se arme un tipo de secta o grupo alienado sino reconocer que todas las personas estamos entrelazadas por la proximidad física, de experiencias, de momentos o tiempos compartidos y que, en esa cercanía se construye la responsabilidad de vernos, conocernos y ayudar a comprendernos.
Los últimos casos de bullying hablan en específico de gustos que las chicas que tenían con los que no todos los compañeros de clase coinciden, pero no se trata sobre los gustos, se trata de ver cómo la intolerancia se sigue manejando desde la ira, que nuestra sociedad de alguna manera sigue diciendo “si algo no te gusta o te molesta entonces elimínalo”.
Hace falta generar más diálogos en los que podamos movernos de “prevenir ser víctimas” a educar en la gestión y expresión de nuestras emociones, pero para que esto pase, debemos aceptar el hecho de que, como sociedad, aún estamos en pañales cuando se trata de identificar lo que sentimos, aún se ve como “normal” que una persona irritada por algo pegue un grito o dé un empujón para mostrar la frustración.
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