Pequeñas cosas que no te dejan valorar a tu cuerpo
Trampas diarias que nos alejan de amarnos
Hay días en los que me veo en el espejo y, en lugar de ver todo lo que mi cuerpo hace por mí, solo noto lo que "debería mejorar". Que si la piel, que si las ojeras... Pero, ¿desde cuándo se volvió costumbre vernos con lupa y juzgarnos tan fuerte?
No es casualidad. Nos ha enseñado a exigirnos desde el espejo, a valorar nuestro cuerpo solo cuando cabe en ciertos moldes. Y, lo peor, muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de las pequeñas cosas que nos sabotean y que nos roban el derecho de sentirnos en paz en nuestra propia piel.
Por ejemplo, las conversaciones "inocentes" entre amigas. Esas que empiezan con un "ay, estoy gordísima" y terminan en un concurso de autocrítica feroz. O los filtros que usamos sin pensar, hasta que la versión editada de nosotras mismas nos parece más real que la verdadera. O los comentarios de "te ves más delgada, ¡qué bien!" como si el mayor halago posible fuera ocupar menos espacio.
Y ni hablar de la costumbre de disculparnos por nuestro cuerpo. "Perdón por no maquillarme", "perdón por mi panza", "perdón por no estar en mi mejor momento". Como si cada centímetro de nosotras tuviera que justificar su existencia.
Lo cierto es que la relación con nuestro cuerpo no se reduce a un tema de autoestima, es también un acto de resistencia. Porque aprender a valorarnos en un mundo que nos quiere inconformes es revolucionario. No siempre es fácil, pero podemos empezar con pequeños gestos: dejar de juzgarnos en el espejo, agradecerle a nuestro cuerpo lo que hace por nosotras, rodearnos de voces que celebren la diversidad y, sobre todo, hablarnos con amor.
Hoy, si te ves al espejo y lo primero que notas es una "imperfección", quiero recordarte que tu cuerpo no está aquí para ser una decoración, sino para acompañarte en esta aventura llamada vida. Y eso, ya es suficiente para amarlo sin condiciones.
Así que respira hondo, sonríe y déjale saber a tu cuerpo que, por fin, lo ves.
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