Por mucho tiempo decidí alejarme de la idea sobre la importancia comercial ligada al 14 de febrero, pensar en ese día como cualquier otro, a veces incluso verlo como un día fastidioso por las mil imágenes de parejas “celebrando al amor”. Este día, junto con las ideas alrededor del amor romántico, suelen tener tintes de exclusividad como el suponer que solo las parejas pueden celebrarlo, que el amor solo se vive de un hombre hacía una mujer y viceversa.
Aún cuando existen espacios que lanzan promociones para celebrar con tu grupo de amigas, lo cierto es que aún prevalece la idea de que San Valentín solo honra las relaciones de pareja. Más allá de la imagen que se espera fomentar, debemos tomar en cuenta también se ha convertido en el día exclusivo para “permitir” que la ternura, la pasión y la intensidad con la que las mujeres nos expresamos sea algo visto con buenos ojos, pues pasado el Día del Amor y la Amistad, parece que toda la intensidad del afecto debe regresar a su cajita de pandora y controlarse lo más posible.
Aunado a esto, se hace presente la rivalidad entre mujeres, algo que incluso en canciones podemos encontrar, por ejemplo, en “Love is a battlefield” de Pat Benatar, en la que se muestra que el amor es algo que requiere una lucha contra otra mujer, que al final implica tener dos historias: la mujer “elegida” para ser amada y aquella que debe continuar su lucha para encontrar una pareja que la quiera, pero sobre todo que la vea como valiosa y digna de ser amada.
Ante este mandato constante de destinar nuestra ternura y afectos hacía los varones, surgen las contribuciones, tanto de Simone de Beauvoir como de Coral Herrera, para que cambiemos de perspectiva respecto a la experiencia del amor, sus exclusividades y cómo permitir que este se exprese más allá de una fecha en particular, sobretodo con la certeza de que no debe ser una experiencia con la que nos sintamos a la deriva, sin herramientas o expuestas a peligros inimaginables.
El concepto de la ternura radical aparece para darnos alternativas, pues aunque es necesaria la deconstrucción sobre el amor desde la perspectiva del patriarcado, no podemos dejarnos en un vacío angustioso del que surjan miedos o dudas respecto a si vale la pena o no sentir amor, si es una traición a la deconstrucción o si es caer en lo mismo de antes.
La ternura radical nos habla sobre construir espacios tanto físicos como de tiempo en los que se reconozca, valide y honre cada emoción que tengamos. Además de pensar en el cuidado de dichas emociones a través de reconocerlas en otras mujeres, lo que poco a poco cierra con la lucha mujer contra mujer, así como deshacernos de la expectativa de que “ser emocional” o “ser sentimental” es una cualidad negativa en nosotras.